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Journalists of fortune...

by F Espinoza
Los mercenarios de la desinformación acerca de CUBA
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Escándalo en Miami con periodistas que escriben o dan cobertura al tema Cuba

Nueve influyentes periodistas del sur de la Florida, entre ellos tres del Nuevo Herald, recibían pagos de la administración Bush. Despedidos del Nuevo Herald Pablo Alfonso, Wilfredo Cancio y Olga Connor por faltar a la ética profesional al recibir dinero de la Oficina de Transmisiones hacia Cuba del gobierno federal. Dice director del Nuevo Herald que desconocía que estuviesen recibiendo esos pagos

Juan Marrero

El mundo periodístico de la Florida ha sido sacudido con un escándalo sin precedentes cuando se ha conocido que al menos nueve periodistas de origen cubano, que escriben o dan cobertura al tema Cuba en diferentes medios privados, han faltado a la ética profesional al recibir pagos de la administración Bush, a través de la Oficina de Transmisiones hacia Cuba que dirige las llamadas Radio y TV Martí, que en el presente año han recibido 37 millones de dólares para sus operaciones de propaganda anticubana.

Los periodistas Pablo Alfonso, Olga Connor y Wilfredo Cancio fueron despedidos inmediatamente del Nuevo Herald cuando se supo que en los últimos años habían recibido más de 260 mil dólares del gobierno federal por su participación en programas de esas estaciones que son instrumentos subversivos y transmiten mensajes mentirosos para intentar alcanzar los objetivos del Plan Bush para la anexión de Cuba.

Otros seis periodistas de origen cubano, que tributan al Nuevo Herald y a otros medios comerciales en La Florida, aparecen también señalados como receptores de pagos. Son ellos el terrorista Carlos Alberto Montaner, cuyas columnas aparecen en The Miami Herald y el Nuevo Herald, y comparece asiduamente a emisoras de radio y televisión de Miami; Helen Aguirre Ferrer, editora de la página de opiniones del Diario Las Américas; el columnista y reportero Ariel Remos, también del Diario de las Américas, Miguel Cossío, director de noticias del Canal 41; Juan Manuel Cao, reportero de ese canal; y Ninoska Pérez Castellón, de Radio Mambí. Ninguno de ellos ha recibido sanción alguna tras las revelaciones publicadas por el Nuevo Herald.

Cao recibió 11, 400 dólares en el presente año de la Oficina de Transmisiones hacia Cuba del gobierno de Bush. En julio enfrentó a Fidel Castro en Argentina exigiéndole una explicación sobre el caso de una médica desertora de la Revolución, y entonces el Presidente cubano le preguntó quién le pagaba por hacer tal pregunta.

Los pagos fueron descubiertos en documentos obtenidos recientemente por The Miami Herald.

Este grupo de periodistas de origen cubano que vive en Miami, al actuar como asalariados del gobierno de los Estados Unidos, se ha colocado al mismo nivel que los llamados periodistas independientes reclutados, instruidos y pagados por la Oficina de Intereses de Estados Unidos en Cuba (SINA). Tanto unos como otros se han quedado en un limbo ético.

De inmediato, distintos personajes de la esfera periodística en La Florida se pronunciaron sobre este hecho. He aquí algunas de las repercusiones:

Iván Román, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos, declaró que los pagos de TV y Radio Martí plantean un claro conflicto de intereses para los periodistas.

''Definitivamente, esa línea no la deben cruzar los periodistas'', subrayó Román, ex periodista de El Nuevo Herald. ``Es obvio que el medio tiene una agenda específica. Si ellos cubren asuntos cubanos, se puede percibir un conflicto''.

Jesús Díaz Jr., presidente y editor de The Miami Herald Media Co., que también supervisa las operaciones de El Nuevo Herald, se manifestó decepcionado y declaró que esos pagos recibidos violaron ''la sagrada confianza'' entre los periodistas y el público.

Humberto Castelló, director ejecutivo de El Nuevo Herald, declaró que no estaba al tanto de que el gobierno federal les estuviera pagando a los tres periodistas.

''Lamento mucho que ellos no me hayan informado'', aseguró Castelló. "Discutimos la situación con ellos y fueron cesanteados de inmediato".

Tales declaraciones de ex personal del Herald y de sus ejecutivos, periódico que sabemos ha tenido una línea anticubana desde hace muchos años, hacen especular que este escándalo puede tener dimensión mayor a lo ya descubierto y a que pueden haber muchas cosas ocultas por el juego de poderosos intereses.

La prensa de La Florida ha dicho que el caso puede ser comparado al de Armstrong Williams en el 2005, cuando se reveló que el gobierno de Bush le había pagado al prominente analista por promover su ley de reformas de educación en un programa de televisión transmitido de costa a costa.

El escándalo de Miami hace recordar la famosa lista de Palacio, descubierta tras el triunfo de la Revolución Cubana, en la que aparecían influyentes directores de medios y periodistas que eran subvencionados por la dictadura de Batista con más de 250 000 pesos mensuales.

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Expulsan periodistas del
Miami Herald pagados para diseminar propaganda contra Cuba...

PABLO Alfonso y Wilfredo Cancio Isla, dos de los periodistas más recalcitrantes del Miami Herald, fueron despedidos luego de un escándalo que los involucra con pagos del Gobierno Federal por comparecer en la Radio y la TV Martí para transmitir informaciones contra Cuba.
Este año, Radio Martí y TV Martí han recibido 37 millones de dólares para mantener en el aire una programación anticubana que no puede ser divulgada dentro del territorio norteamericano, por las prohibiciones de varias leyes contra la propaganda.
La cifra total recibida por una decena de periodistas de Miami, entre los que se incluyen Cancio y Alfonso, encargados de escribir encarnizados artículos sobre la Isla, asciende a varias centenas de miles de dólares.
Desde el 2001 Pablo Alfonso recibió alrededor de 175 mil dólares por conducir programas en Radio y Televisión Martí, al tiempo que Wilfredo Cancio percibió una suma de 15 mil dólares durante los últimos cinco años.
Según informó el propio Miami Herald, noticia que se hizo eco en varias Agencias de Prensa, el rotativo en su versión española despidió a ambos periodistas y cortó sus enlaces con una colaboradora en temas culturales, Olga Connor, quien llegó a cobrar más 71 mil dólares.
Los pagos fueron hechos por la Oficina de Transmisiones hacia Cuba, que opera Radio y TV Martí, y están involucrados otros periodistas como Helen Aguirre Ferré, editora de la página de opiniones del Diario Las Américas; el columnista y reportero Ariel Remos; Miguel Cossío, director de noticias del Canal 41, Juan Manuel Cao, reportero del Canal 41, que recibió 11 400 dólares de TV Martí; y el columnista sindicado Carlos Alberto Montaner, cuyas opiniones se publican en El Nuevo Herald y en The Miami Herald.
Ni Wilfredo Cancio ni Pablo Alfonso hicieron comentarios, pero el presidente y editor del The Miami Herald Media Co., Jesús Díaz Jr., apoyó la decisión del despido alegando que los pagos recibidos violaron "la sagrada confianza entre los periodistas y el público".
"No creo que podamos garantizar la objetividad ni integridad si alguno de nuestros reporteros o reporteras reciben compensación monetaria de cualquier entidad que hayan cubierto, pero especialmente si se trata de una agencia de Gobierno'', afirmó Díaz citado por el Miami Herald.
Según el Miami Herald, los pagos fueron descubiertos en documentos obtenidos recientemente por The Miami Herald tras una solicitud, el 15 de agosto, amparada en la Ley de Libertad de Información.
Expertos en ética propagandística consideraron que esos hechos debilitan la credibilidad de los periodistas para cubrir objetivamente las cuestiones políticas entre Estados Unidos y Cuba.
Por su parte, Humberto Castelló, director ejecutivo de El Nuevo Herald, aseguró desconocer que los tres periodistas recibían pagos directos del gobierno federal.
Ferré, editora de la página de opiniones del Diario Las Américas recibió 4 325 dólares entre el 2001 y el 2005. Ninoska Pérez-Castellón, presentadora de Radio Mambí, recibió también 1 550 dólares.
Dos expertos en ética comparan esto con el caso de Armstrong Williams en el 2005, cuando se reveló que el Gobierno de Bush le había pagado al prominente analista por promover su ley de reformas de educación en su programa de televisión transmitido de costa a costa.
"Es exactamente como si un reportero de negocios trabajara también a tiempo parcial como agente de relaciones públicas para una compañía local en sus horas extra, y que regresara a su periódico al día siguiente y escribiera sobre `su' compañía'', aseguró Jon Roosenraad, profesor de Periodismo de la Universidad de la Florida.
Cuba había denunciado en reiteradas ocasiones que varios periodistas asentados en Miami, recibían pagos directos del Gobierno norteamericano por mantener las agresiones contra la Revolución.
El grupo de prensa McClatchy compró hace algunos meses la célebre cadena Knight Ridder, hasta entonces propietaria de los diarios Miami y Nuevo Herald.
En lo que fue calificado como una bravuconería, la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) que imponía sus criterios sobre Cuba en el Nuevo Herald, emplazó agresivamente al periódico a fines de junio, por haber publicado las acusaciones que hacía a la FNCA el señor José A. Llama, quien se considera estafado por esa organización, la cual declaró resultaba "altamente irresponsable que un órgano periodístico como el Nuevo Herald se haga eco de ellas".

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http://www.antiterroristas.cu

http://www.ain.cubaweb.cu/patriotas/principal.htm

http://www.granma.cubaweb.cu/miami5/index.html

http://www.juventudrebelde.cu/inocentes/index.html

http://www.freethecuban5.com

http://www.freethefive.org/

http://www.cubanews.ain.cu/

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http://www.granma.cubaweb.cu/secciones/ingles/index.html

http://www.granma.cu/ingles/index.html

http://www.plenglish.com/

http://www.cubanow.net/


§SINA en La Habana
by F Espinoza
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§CUBA Libre, Digna y Solidaria
by F Espinoza
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by enviado por F Espinoza
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La larga marcha de la justicia


"Nada se parece más al miedo a la verdad
que el encierro injusto de los Cinco Héroes de Cuba".
Manu Chao


RICARDO ALARCÓN DE QUESADA Miembro del Buró Político del Partido

Desde el 12 de septiembre de 1998 el gobierno de Estados Unidos mantiene en arbitrario e ilegal cautiverio a Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González.
Son ocho años de injusticia y desvergonzada, cínica complicidad con el terrorismo. Washington admitió siempre que su propósito al actuar contra los Cinco era proteger y amparar a los grupos terroristas anticubanos que operan libremente desde el territorio norteamericano. Nuestros compatriotas lucharon heroicamente contra esos grupos. Por eso, sólo por eso, se les castiga con infame ensañamiento.
Son también ocho años de silencio culpable de los grandes medios que disciplinadamente han acatado la orden de ocultar la verdad. Lo han hecho sin parpadear sabiendo que así facilitan el trato cruel e injustificable a cinco inocentes y la impunidad de los asesinos y sus patrocinadores.
Durante este largo período es muy poco, casi nada, lo que se ha permitido conocer de este tema al público norteamericano, y muy escasa asimismo la información que al respecto han recibido quienes viven en otras sociedades supuestamente democráticas. En palabras del historiador norteamericano Howard Zinn: "El caso de los Cinco cubanos presos en Estados Unidos es algo que permanece en secreto para el pueblo norteamericano". Por su parte Ignacio Ramonet describe así la situación respecto al Viejo Continente: "Por parte de los medios de comunicación europeos se está aplicando un boicot generalizado, ni en los periódicos, ni por radio, ni por televisión se habla de esta historia. Nos encontramos frente a un hecho totalmente censurado".
Debió haber sido noticia destacada el reconocimiento explícito, desde la acusación inicial y a todo lo largo de uno de los procesos judiciales más prolongados de la historia, por parte de las autoridades norteamericanas de que su objetivo era defender a bandas terroristas. Lo proclamaron incluso poco después de los sucesos del 11 de septiembre del 2001, cuando el señor Bush y sus corifeos no descansaban en su incesante y mentiroso sermoneo contra el terrorismo. Exigieron al tribunal de Miami que, además de las desmesuradas condenas, les fueran impuestas a los Cinco medidas específicas, para asegurar que nunca más, una vez cumplidas sus penas carcelarias, pudieran intentar algo en perjuicio de los delincuentes. Así lo repitieron una y otra vez como consta en las actas del tribunal, el cual accedió a la petición con esta desvergonzada sentencia: "Como una condición especial adicional para la libertad supervisada se le prohíbe al acusado acercarse a, o visitar lugares específicos donde se sabe que están o frecuentan individuos o grupos tales como terroristas, personas que promueven la violencia o figuras del crimen organizado."
El fraudulento proceso judicial contra los Cinco es, entre otras cosas, una afrenta a todas las víctimas del terrorismo, un insulto especialmente para los norteamericanos muertos aquel 11 de septiembre. Por eso el silencio cómplice de los grandes medios. De ahí la orden de ocultar la verdad.
Desarmados, sin causar daño alguno a nadie, sin emplear jamás la fuerza, valiéndose exclusivamente de su voluntad, su talento y una ilimitada disposición al sacrificio personal, nuestros valerosos hermanos, arriesgándolo todo, penetraron los peores enclaves de Miami, lograron descubrir algunos de sus planes criminales y contribuyeron a evitarlos. Por ello son y serán siempre acreedores de la eterna gratitud de nuestro pueblo y cuentan con una solidaridad siempre creciente en todo el mundo.
Recibirán también el reconocimiento del pueblo norteamericano que algún día logrará derrotar al régimen inmoral que hoy lo oprime y engaña.
Nuestros compatriotas cumplieron una misión mil veces heroica al sacrificar su felicidad personal y familiar y realizar tareas de sumo riesgo frente a inescrupulosos matarifes respaldados por un gobierno tan culpable como los malhechores.
Llevaban a cabo una misión indispensable, pacífica y noble. Defender a su Patria y a su pueblo frente a una agresión sistemática que incluye acciones terroristas que han ocasionado la pérdida de miles de vidas y cuantiosos daños materiales. Sobran las pruebas. Ignorarlas es infame.
En el territorio norteamericano se encuentran ahora mismo, protegidos por las autoridades federales, quienes planearon, dirigieron y hasta celebraron la destrucción en pleno vuelo cerca de Barbados, el 6 de octubre de 1976, de un avión civil cubano y la horrible muerte de sus 73 ocupantes.
Durante 30 años el gobierno de Estados Unidos ha encubierto el abominable hecho y ha amparado a sus autores, Luis Posada Carriles y Orlando Bosch. Documentos oficiales desclasificados en el 2005 prueban claramente que ese gobierno conoció con varios meses de anticipación del siniestro plan, sabía quiénes eran y dónde estaban los asesinos y desde entonces, a lo largo de tres décadas se ha empeñado en impedir la acción de los tribunales de justicia.
En el verano de aquel año el grupo terrorista que se hacía llamar CORU colocó varias bombas en instalaciones aeroportuarias del área del Caribe con la intención de sabotear vuelos dirigidos a Cuba. En septiembre en una reunión pública en Caracas, Orlando Bosch reconoció abiertamente su responsabilidad en el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier ocurrido el 21 de ese mes en Washington D.C y anunció que a partir de ese "éxito" planeaban realizar una acción de gran envergadura. En la misma reunión Posada precisó que esta consistiría en la destrucción de un avión cubano.
Todo lo anterior consta en informes confidenciales de la CIA y el Departamento de Estado. El gobierno de Reagan-Bush no hizo absolutamente nada para evitar la realización de esos hechos, no movió un dedo para alertar a sus víctimas ni llevó a cabo esfuerzo alguno, ni antes ni después, para detener a los culpables. Para los grandes medios nada de eso se convirtió en noticia entonces, ni cuando hace un año se conocieron esos informes, ni ahora cuando no se cansan de hablar de otros hipotéticos planes. El crimen de Barbados sigue impune, cubierto por treinta años de silencio y complicidad.
El señor Bosch ha tratado de justificarlo del modo más cínico. Lo ha hecho cada vez que ha querido en los medios televisivos, radiales e impresos de la mafia de Miami. Acaba de reiterarlo, además, en una entrevista a La Vanguardia, de Barcelona. Nadie ha protestado, sin embargo, en Norteamérica ni en Europa. Porque Bosch disfruta desde hace muchos años de la protección del clan Bush.
¿No lo vieron en televisión en aquella desvergonzada tribuna miamense junto a quien hasta allá fue a agradecer el fraude que le permitió apoderarse de la Casa Blanca en el 2001? ¿No recorrió las calles de esa ciudad en febrero del 2003, encabezando la marcha convocada por él, la única que se efectuó en el planeta a favor de la guerra, con aquel lema de "Irak ahora, Cuba después"? ¿Ha ido el FBI o la prensa norteamericana a interrogarlo alguna vez, aunque sea una vez, después que ha pasado más de un año desde la publicación de documentos oficiales que indican que él, Bosch, participó en el plan para asesinar a Orlando Letelier? ¿No recuerdan ya que el monstruoso crimen ocurrió a plena luz del día en la capital de su país y que allí murió también, despedazada, Ronnie Mofitt, una joven norteamericana?
Posada Carriles publicó su autobiografía en la que da cuenta minuciosa de sus fechorías hasta comienzos de la última década del pasado siglo; posteriormente, el 12 y 13 de julio de 1998 concedió una entrevista de primera plana al diario The New York Times donde reconoció su plena responsabilidad por los atentados con bombas ocurridos en La Habana el año anterior incluyendo el que causó la muerte al joven italiano Fabio Di Celmo (algo que no lamentó, por lo contrario, aseveró, no le impedía "dormir como un niño"); y ha reconocido en otras entrevistas las numerosas vidas que ha segado y el respaldo que para ello ha recibido de Washington y Miami.
Hace ya año y medio que Posada permanece en Estados Unidos, país al que supuestamente ingresó sin cumplir las formalidades migratorias. Eso y nada más le han echado en cara las autoridades que lo mantienen en cómoda custodia. En el mismo lapso de tiempo decenas de miles de indocumentados han sido encarcelados y expulsados sin grandes miramientos y otros miles han perdido la vida en el desierto o a manos de los cazadores de inmigrantes.
Posada goza de privilegios absolutamente únicos. Cuenta con abogados que lo defienden y diarios, emisoras de radio y de televisión de Miami que además de apoyarlo lo elogian como a un héroe y encomian su perversa trayectoria. Posada reclama su derecho a la ciudadanía norteamericana y emplea como principal argumento precisamente sus innombrables crímenes que, asegura él, fueron cometidos al servicio del gobierno de Estados Unidos, con su respaldo y patrocinio.
Los atentados contra la aviación civil fueron calificados, hace ya mucho tiempo, como acciones imperdonables que todos los estados están obligados a impedir y llegado el caso a sancionar severamente. Para asegurarlo fue suscrita la Convención de Montreal en 1971. La comunidad internacional fue capaz de superar las contradicciones de aquellos tiempos de "guerra fría" y arribó a un consenso alrededor de ciertos principios que fueron exigidos con energía por las empresas transportadoras y los sindicatos de empleados de esa industria. En ninguna circunstancia, cualesquiera que fueran los móviles de sus autores o las consideraciones políticas o de otro orden, se toleraría que ese tipo de acto evadiera la justicia. El artículo 7 de esa Convención no puede ser más claro y categórico. El Estado en cuyo territorio esté alguien acusado de haber atentado contra la aviación civil solo tiene dos opciones: o lo extradita al país que lo solicite o "estará obligado, sin ninguna excepción" a encausarlo y juzgarlo él.
Hace ya año y medio, sin embargo, que Posada está en Estados Unidos, disfrutando la protección de Bush, el pequeño, como antes hizo con Bosch, el Bush padre. Ni lo han extraditado a Venezuela ni le han iniciado juicio en Estados Unidos por la destrucción en pleno vuelo de un avión civil.
Peor aún. Reconocen que han hecho gestiones con al menos seis países, tratando de encontrarle refugio. Andan a la búsqueda de un cómplice que se preste a evitar que Posada sea juzgado y sancionado como terrorista.
En Estados Unidos siguen disfrutando de la protección oficial los culpables de muchos otros hechos que han provocado muertes y sufrimiento a nuestro pueblo. Pero la impunidad se extiende también a la jurisdicción norteamericana. Aun siguen sin castigo los asesinatos de Santiago Mari Pesquera y de Carlos Muñiz Varela realizados por el CORU en Puerto Rico.
Estas verdades irrefutables prueban hasta la saciedad la inocencia de Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René. Cuba ha tenido y tiene la necesidad de defenderse frente al terrorismo de Washington. Nuestros Cinco compatriotas no cometieron delito alguno. Lo que hicieron fue una proeza que no merecía sanción sino homenaje.
Ellos sin embargo siguen en prisión y sometidos a un turbio proceso judicial plagado de arbitrariedades en el que se han violado las normas y procedimientos del sistema norteamericano. Cualquiera de esas violaciones habría sido suficiente para anular todo el proceso desde su inicio.
El confinamiento solitario que se les impuso durante 17 meses a partir de su detención; las extremas dificultades para comunicarse con sus abogados defensores; el haberles negado a unos y otros el acceso a las supuestas pruebas de los acusadores; la realización del "juicio" en Miami bajo las presiones y la histeria anticubana allí exacerbadas durante el secuestro de Elián que coincidió con el encausamiento de nuestros compañeros; la intensa campaña que contra los Cinco desataron los medios de prensa locales en la que ocuparon lugar prominente varios autotitulados periodistas que, como acaba de revelarse el pasado viernes, eran en realidad empleados asalariados del aparato de propaganda anticubana del gobierno de Estados Unidos.
Cualquiera de esos elementos bastaría para declarar nulo y sin valor alguno todo el proceso seguido contra ellos.
Pero continúan en prisión injustamente y se extiende su sacrificio y el de sus familiares.
Independientemente de los resultados en la batalla legal que seguirán librando frente a las maniobras de un gobierno tan tramposo como el de Bush, hay que redoblar y ampliar la solidaridad internacional y no descansar en el esfuerzo para que la verdad sea conocida.
La solidaridad de los pueblos, solo ella, traerá la justicia. Hoy se manifiesta en todo el mundo en una Jornada Internacional para exigir la liberación de nuestros Cinco abnegados compañeros y para demandar que se haga justicia a todas las víctimas del terrorismo. La Jornada se extenderá hasta el 6 de octubre, aniversario del abominable crimen de Barbados. Y no se detendrá ese día.

La solidaridad crecerá: Hasta que los héroes sean liberados. Hasta que los terroristas sean castigados.

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http://www.antiterroristas.cu

http://www.ain.cubaweb.cu/patriotas/principal.htm

http://www.granma.cubaweb.cu/miami5/index.html

http://www.juventudrebelde.cu/inocentes/index.html

http://www.freethecuban5.com

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