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Carta abierta para Mumia Abu-Jamal
by Eugenia Gutiérrez
Sunday Dec 14th, 2008 8:40 PM
Carta abierta de Eugenia Gutiérrez de Mujeres de la Sexta de la Otra Campaña Zapatista, leída en el mitin en apoyo a Mumia Abu-Jamal ante la embajada EU en la Ciudad de México el martes 9 de diciembre
Ciudad de México, a 9 de diciembre de 2008.



Carta para Mumia Abu-Jamal, preso político de Filadelfia.

Mumia:

En este país donde yo vivo hay mucha gente que lo acompaña y lo respeta, que conoce su lucha, que ha leído sus trabajos, que sabe de su resistencia y que se moviliza contra los abusos del poder que rodean su historia.
Esas personas que lo acompañan desde aquí, y que se conocen como amigos y amigas de Mumia, han organizado hoy un evento a unos cuantos metros de la embajada estadunidense de la Ciudad de México para levantar una voz colectiva de protesta por la crueldad física y psicológica que durante casi tres décadas ha ejercido el estado más poderoso del mundo sobre usted y su familia. Es por eso que hoy le dirijo unas palabras.
Nacimos para vivir y para ser libres. Y sin embargo, por alguna extraña razón que quizás logren explicar los historiadores dentro de miles de años, en la sociedad nuestra que hoy se considera tan moderna y tan civilizada existe la prerrogativa de torturar legalmente a un ser humano sometiéndolo a una vida entera de cárcel, aislándolo por completo de familiares y amigos, y por si fuera poco, bajo la amenaza ininterrumpida de que, en cualquier momento, será asesinado por las instituciones dedicadas a la procuración de justicia con premeditación, alevosía y ventaja.
Uno de los grandes problemas de la crueldad impune es que se contagia. Como usted sabe, la pena de muerte no existe en México. Al menos, no de manera oficial o claramente permitida. Dejó de existir oficialmente en 2004, pero en realidad la última vez que alguien murió asesinado en el marco de un protocolo legal fue el 9 de agosto de 1961, cuando el soldado José Isaías Constante Laureano fue fusilado por haberle quitado la vida a dos soldados más: Cristóbal Granados Jasso y Juan Pablo MaDobecker. José Isaías tenía 28 años y murió de madrugada en un estado del norte de mi país: Coahuila. Hoy, el gobernador de ese mismo estado, y desde la misma ciudad donde la pena de muerte se había detenido (Saltillo), está siguiendo los pasos de las 54 naciones donde aún existe la pena capital.
Ante la ola incontrolable de secuestros en México, producto de la avaricia del narcotráfico, de la negligencia gubernamental y de la complicidad de las policías, el gobernador y el congreso local de Coahuila dieron inicio el pasado 2 de diciembre a la solicitud de reforma a la Constitución mexicana para que regrese la pena de muerte a nuestra patria y se aplique a los secuestradores. El gobernador Humberto Moreira ha declarado que la pena de muerte no está a discusión, que la única duda que le queda es cuál sería el método más indicado, y que lo único que podría discutirse es “cómo los vamos a matar, si los vamos a fusilar, si los vamos a degollar, si los vamos a ahorcar o algo light, que puede ser la inyección letal”. Debo subrayar aquí que uno de los principales grupos promotores de la pena de muerte en México es un partido político irónicamente llamado Verde Ecologista.
Si le cuento algo tan terrible y vergonzoso como esto es porque sé que los cambios en la conducta y en las reglas de convivencia social que necesitamos para sobrevivir como especie no se van a dar nunca en las instituciones donde se ejerce el poder y se aplica la fuerza, sino que van a venir de personas cuyas historias, como la suya, sacuden nuestra parte humana y nos llevan a cuestionarnos qué estamos haciendo como sociedades, pues ni siquiera la bestia más feroz recurre a un sistema de castigos o venganzas tan estructuralmente cruel como la fila de la muerte en la que usted vive.
Para decirlo de otra manera: si me fue posible escuchar esas palabras del gobernador Moreira y no perder la confianza en que se puede convivir de otra manera es precisamente porque existen historias como la suya donde un hombre se esfuerza por no convertirse en aquello contra lo que lucha y ha sabido enfrentar con firmeza, integridad y amor a la vida a un sistema que propone muerte y venganza como medicina para sus miedos.
Si resulta salvaje asesinar a un ser humano para castigarlo por haber asesinado a alguien, enviar al corredor de la muerte a una persona inocente es un abuso indescriptible. ¿Cómo definir entonces lo que ha sucedido con usted, a quien se le ha negado en todo momento un juicio justo para que usted pueda demostrar su inocencia? ¿Y cómo hacerle justicia al joven Daniel Faulkner, asesinado aquella noche de 1981 sin que hasta ahora se sepa qué fue lo que sucedió y quién le quitó la vida?
En estos días en que estuve revisando a fondo los textos que usted escribe, las actividades políticas que realizó en su juventud y las cosas que usted ha hecho desde la cárcel reafirmé mi convicción de que se puede y se debe vivir sin violencia y de que no sólo es posible sino necesario encontrar formas de relación humana que desechen la venganza, el rencor y la aplicación de la fuerza.
Historias como la suya nos recuerdan a cada momento que, igual que usted, nacimos para vivir y para ser libres.


Reciba un saludo desde la Ciudad de México.


Eugenia Gutiérrez.


(Texto leído durante las jornadas de actividades por la libertad de Mumia Abu-Jamal y de tod@s l@s pres@s polític@s en la Ciudad de México, diciembre 2008)